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Mafia en Italia: Piera Aiello, la mujer que vivió sin rostro (Parte III)

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En el atentado, conocido como "la masacre de Capaci", además de los cuerpos de las cinco personas, volaron por los aires las esperanzas despertadas en esos años de derrotar a la Cosa Nostra.

Esas mismas ilusiones quedaron sepultadas 57 días después, el 19 de julio de 1992, bajo los escombros de "la masacre de via D'Amelio", cuando un coche bomba mató al juez Paolo Borsellino y a sus cinco escoltas cuando iba de visita a casa de su madre.

No se trató solo de dos atentados contra enemigos de la mafia. Fue la declaración de guerra de la Cosa Nostra y de sus padrinos (Totò Riina, Bernardo Provenzano, Leoluca Bagarella, entre otros) al Estado italiano.

Una guerra que se prolongaría hasta el año siguiente con atentados al patrimonio artístico y cultural de Roma, Milán y Florencia, y que causaría la muerte de varias personas inocentes.

***

La noticia del atentado a Borsellino deja aturdidas y desorientadas a Piera y Rita.

La policía comprende la comprometida situación de ambas y decide llevarlas a un lugar protegido en Sicilia, cerca de la familia de Piera. Pero en el último momento, Rita decide quedarse en Roma.

Será la última vez que las dos mujeres se abracen.

El 25 de julio de 1992, Rita se lanza al vacío desde el séptimo piso de la residencia en la capital italiana donde la habían trasladado. Por seguridad, habían dicho.

"Mi corazón sin ti no vive", deja escrito en una pared.

En su diario encuentran la misma frase: está dirigida al juez Borsellino.

Giovanna Cannova, suegra de Piera y madre de Rita, no asiste al funeral de su hija.

Algunos meses después la verán en el cementerio del pueblo destrozando a martillazos la lápida de su hija.

Promete que, mientras ella viva, en la tumba familiar no habrá ni rastro de su Rita: ni foto, ni nombre, ni nada. Porque era una infame.

No romperá su promesa en los 20 años que le quedan de vida.

***

"'Cuando me comunicaron que una de las dos se había lanzado desde un balcón, pensaba que eras tú', le dije a Piera esa noche", me cuenta desde el otro lado del teléfono Alessandra Camassa, actual presidenta del tribunal de Marsala.

Ella tampoco olvidará nunca ese verano. "No se sabía quién iba a ser el siguiente".

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"Piera Aiello me confesó que usted fue su musa", le comento por teléfono. "Que de no haberla encontrado, ella no sería la persona que es ahora".

Se ríe.

"Piera no ganaba nada en hacer lo que hizo", me contesta con su suave acento trapanense.

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"Podría haber seguido con su vida y habría sido más fácil para ella; haber hecho lo que hacen muchas mujeres sicilianas, que son coherentes con los valores mafiosos.

Si no, no se explicaría cómo consiguen transmitirlos de una generación a otra durante generaciones.

En cambio, gracias a las revelaciones de Piera y de Rita, en 1993 conseguimos llevar a 14 miembros de la mafia a juicio y condenarlos, algunos por asesinato".

Durante el juicio, un arrepentido reveló que la noticia del suicidio de Rita Atria fue recibida con un aplauso en la cárcel de Trápani.

"En los meses siguientes a la muerte de Rita viví recluida en un hotel protegido, controlada por los policías, sin nombre. Era un vegetal", me cuenta Piera, la mirada clavada en la pared que tengo detrás.

"Fue entonces cuando decidí salir del mundo y entrar en un convento", prosigue.

"Habían pasado demasiadas cosas en los últimos dos años y no quería saber nada, enterarme de nada. No vi un noticiero durante dos años y medio".

Eso que Piera -los dedos entrelazados, la mirada baja sobre el escritorio de formica- llama su "metamorfosis" duró hasta 1995.

Durante esos dos años y medio no salió del monasterio más que para acudir a los juicios.

Por otro lado, aunque hubiera querido hacerlo, tampoco hubiera podido ir a ningún lado, porque no tenía un nombre con el que vivir: Piera Aiello ya no podía existir pero, al mismo tiempo, tampoco había otro que lo sustituyera.

"¿Cómo haces para explicarle a la gente que no existes?", me pregunta.

"No podía inscribir a mi hija de 6 años en el colegio. Si iba al médico, tenía que dar el nombre de otra persona".

***

Ese limbo en el que Piera vive su segunda vida durará seis años.

Cuando le entregan su nueva identidad, en 1997, hace ya un año que ha salido del programa de protección de testigos.

Así empieza su tercera vida: con un nombre nuevo que casi nadie sabe, en una localidad que casi nadie conoce.

https://paraestudiantes.website/actualidad-mundial/mafia-en-italia-piera-aiello-la-mujer-que-vivio-sin-rostro-parte-i/ <<-- PARTE I
https://paraestudiantes.website/actualidad-mundial/mafia-en-italia-piera-aiello-la-mujer-que-vivio-sin-rostro-parte-ii/ <<-- PARTE II

« Última modificación: Junio 28, 2020, 12:46:58 am por Administrator »