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Mafia en Italia: Piera Aiello, la mujer que vivió sin rostro (Parte II)

Desconectado Caronte25

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Pero la emboscada falla -no se sabe bien por qué- y ahora le toca a él ponerse en guardia.

A Piera no le queda otra que limpiar todos los días los lamparones de aceite que manchan las camisas de su marido a la altura de la cadera, allí donde lleva una pistola calibre 7,65.

Tampoco tiene otra opción, la convence su marido, que aprender a disparar ella misma y a llevar siempre una metralleta -"la iraní, la llamaba él"- entre los pañales y las mamaderas de Vita María.

Pero ni los consejos de Nicola, ni las clases de disparo ni la metralleta evitarán la fatídica noche del 24 de junio de 1991, en la que Piera Aiello se quedará sin marido y la que la llevará a perder también su nombre.

***

"Cuando la policía me comunicó el homicidio, decidí presenciar la autopsia", recuerda Morena Plazzi.

Esta jueza es de Bolonia, una ciudad del norte de Italia donde la mafia en esos años era un fenómeno más distante incluso que los 1.300 kilómetros que la separan de Sciacca, la ciudad de la provincia de Agrigento donde la habían enviado como fiscal.

Era su primer trabajo, tenía 28 años y hacía un mes que había empezado a trabajar allí.

Cuando Plazzi llegó a la morgue, la escena a la que asistió parecía la imagen llena de tópicos sobre Sicilia que se figura alguien recién llegado desde el norte del país.

"Había un grupo de mujeres, todas vestidas de negro, que rodeaban a la joven viuda. Otras, también de negro, gritaban desconsoladamente su dolor y lamentaban la 'desgracia' que el destino les había reservado", me cuenta.

"'Pero ¿de qué desgracia hablan?', alcancé a decirle a la viuda. 'A tu marido le han disparado en la cara, lo han matado'".

Plazzi recuerda que una de las cosas que más la sorprendían en su etapa inicial como fiscal en Sicilia eran las pocas denuncias de hurtos, robos o atracos.

Era la Cosa Nostra, dice, la que se encargaba de matar a los delincuentes de poca monta que le estorbaban.

Y gran parte de estos asesinatos tenían un factor en común: nadie había visto ni oído nada.

Tampoco había una ley que protegiera a los testigos de la mafia -llegaría 10 años después, en 2001- y, según la ahora jueza, intentar que gente cercana al ámbito mafioso hablara era una tarea titánica.

Pero a Plazzi unos carabinieri (policías) le habían advertido de que con esa viuda podría ser distinto, que la familia de Piera Aiello no tenía conexiones con la mafia, que lo intentara.

"Me acerqué a esa joven mujer y le dije: 'Si necesitas hablar con alguien, yo estoy disponible, como mujer, como mujer de tu misma edad, como amiga. No tienes por qué volverte una de ellas, con el pañuelo negro en la cabeza durante toda la vida. El luto deja que se lo pongan ellas".

Logró entregarle a escondidas un papelito con mi número de teléfono, justo antes de que su suegra y las otras mujeres se la llevaran.

- "¿Habría sido peligroso para ella hablar con la policía?", le pregunto.

-"¡Claro que sí!", me contesta. "La mafia en esos años mató a un niño y disolvió su cuerpo en ácido. ¿Tú crees que habría tenido reparos en matarla por ser mujer?".

LA SEGUNDA VIDA: UN LIMBO INDEFINIDO

"Aiello Piera […], en cuanto persona informada de los hechos, desde hace un tiempo ha empezado a proporcionar declaraciones detalladas sobre numerosos homicidios y otros delitos acontecidos en el área del Bélice y está aportando interesantes declaraciones a propósito de la estructura y el tamaño de las familias mafiosas de esa zona, ensangrentada en épocas recientes por gravísimas faide entre grupos enfrentados.

Citar
Faide
Las luchas y venganzas entre familias o grupos por la conquista del poder.
Aiello, viuda de uno de los que han sido asesinados, hace estas declaraciones sin que sus propios familiares estén al tanto y vive con el temor de que ellos puedan enterarse.

Se hace por lo tanto necesario que la susodicha, cuya colaboración sigue y se prolongará hasta un tiempo por el momento indefinido, sea asistida para poder alejarse de Montevago y ser protegida adecuadamente".

Estas frases, redactadas con el típico estilo farragoso de los partes policiales, son la petición de protección para testigos que la Fiscalía de Marsala -a 60 kilómetros de Partanna, en la provincia de Trapani- envía el 26 de agosto de 1991 al Alto Comisariado para la lucha contra el crimen organizado en Roma.

Para Piera, sin embargo, es el papel que certifica su segundo nacimiento.

En realidad los dolores de parto empiezan un mes antes, cuando en su casa aún rimbomban los pésames y las advertencias de su suegra de que no hable con los sbirri.

Pero ella ha decidido aceptar la invitación de la fiscal Plazzi.

Concierta una cita con un carabiniere y se dirige en su carro a la comisaría, donde lo cambia por otro que conduce él, y después por otro.

Rumbo a Palermo, el miedo que alguien los pueda seguir no los abandona en ningún momento.

Cambian de trayecto, toman una carretera secundaria, vuelven a alterar el rumbo, despistan, hablan poco, miran, comprueban, vuelven a mirar, olor a cigarrillo, adelante, atrás, miedo, confusión…

Después de una hora, el carro llega a la comisaría de Terrasini, un pueblo a escasos kilómetros del aeropuerto de la capital siciliana.

Allí se encuentra con Plazzi, con otra fiscal, Alessandra Camassa, y con el fiscal general, Paolo Borsellino.

Borsellino y su colega Giovanni Falcone son dos de los jueces más implicados en la lucha contra la mafia desde los 80. Y lo serán hasta sus muertes.

Los dos son de Palermo, entienden muy bien la idiosincrasia de la Cosa Nostra y están elaborando un novedoso sistema investigativo que logrará detener y condenar a centenares de mafiosos.

Será gracias a sus investigaciones que se descubrirán la compleja estructura de la Cosa Nostra y las relaciones tejidas a lo largo de los años con el poder político y empresarial italiano.

Pero Piera, en ese momento y en esa comisaría, ni está al corriente de todo esto ni sabe quién es ese hombre que le presentan, que intuye como alguien importante y a quien por ello llama "honorable", como si fuera un diputado.

Borsellino, afable pero escueto, le dice: "La colaboración con la justicia funciona así: si quieres que detengamos a los que mataron a tu marido tienes que contarnos todo lo que sabes, sin esconder nada. Y si encontramos las pruebas de que lo que nos dices es verdad, entonces podremos detener a quienes acusas.

Luego tendrás que ir al tribunal, repetirlo todo delante de los asesinos de tu marido, que es posible que estén allí, detrás de los barrotes, y que te miren con los ojos cargados de odio".

Y acaba con un aviso que se volverá profético.

"Si te decides a testimoniar, tendrás que irte de aquí. Tendrás que arrancar Sicilia de tu mapa".

En realidad los dolores de parto empiezan un mes antes, cuando en su casa aún rimbomban los pésames y las advertencias de su suegra de que no hable con los sbirri.

Pero ella ha decidido aceptar la invitación de la fiscal Plazzi.

Concierta una cita con un carabiniere y se dirige en su carro a la comisaría, donde lo cambia por otro que conduce él, y después por otro.

Rumbo a Palermo, el miedo que alguien los pueda seguir no los abandona en ningún momento.

Cambian de trayecto, toman una carretera secundaria, vuelven a alterar el rumbo, despistan, hablan poco, miran, comprueban, vuelven a mirar, olor a cigarrillo, adelante, atrás, miedo, confusión…

Después de una hora, el carro llega a la comisaría de Terrasini, un pueblo a escasos kilómetros del aeropuerto de la capital siciliana.

Allí se encuentra con Plazzi, con otra fiscal, Alessandra Camassa, y con el fiscal general, Paolo Borsellino.

Borsellino y su colega Giovanni Falcone son dos de los jueces más implicados en la lucha contra la mafia desde los 80. Y lo serán hasta sus muertes.

Los dos son de Palermo, entienden muy bien la idiosincrasia de la Cosa Nostra y están elaborando un novedoso sistema investigativo que logrará detener y condenar a centenares de mafiosos.

Será gracias a sus investigaciones que se descubrirán la compleja estructura de la Cosa Nostra y las relaciones tejidas a lo largo de los años con el poder político y empresarial italiano.

Pero Piera, en ese momento y en esa comisaría, ni está al corriente de todo esto ni sabe quién es ese hombre que le presentan, que intuye como alguien importante y a quien por ello llama "honorable", como si fuera un diputado.

Borsellino, afable pero escueto, le dice: "La colaboración con la justicia funciona así: si quieres que detengamos a los que mataron a tu marido tienes que contarnos todo lo que sabes, sin esconder nada. Y si encontramos las pruebas de que lo que nos dices es verdad, entonces podremos detener a quienes acusas.

Luego tendrás que ir al tribunal, repetirlo todo delante de los asesinos de tu marido, que es posible que estén allí, detrás de los barrotes, y que te miren con los ojos cargados de odio".

Y acaba con un aviso que se volverá profético.

"Si te decides a testimoniar, tendrás que irte de aquí. Tendrás que arrancar Sicilia de tu mapa".

"Ya me he decidido", le contesta Piera a Borsellino. "Solo necesito tres días para cerrar mi cuenta en el banco, despedirme de mis padres, empacarlo todo e irme con mi hija".

Tres días después, la noche del 30 de julio de 1991, Piera está durmiendo con su hija en un apartamento protegido en Roma.

A partir de ese momento, ya no será Piera Aiello. Su nombre y su primera vida solo asomarán entre las líneas ostentosamente farragosas de los informes judiciales.

Ahora es una testimone di giustizia.

Citar
Testimone di giustizia
Persona conocedora de determinados delitos relacionados con el crímen organizado que colabora con la Justicia. Su figura es reconocida por las leyes italianas desde 2001.
***

"Poco antes de abandonar Sicilia, fui a despedirme de Rita Atria", me dice Piera, sus uñas de gel rosa flotando en el aire de su despacho de diputada.

"Le dije: 'Yo no quiero ser como tu madre. No quiero ser una viuda de mafia. No quiero ver pasear delante de mis ojos a los asesinos de tu hermano, a los asesinos de tu padre'.

Teníamos que decir ¡basta! a todo esto. El nuestro era un pueblo de huérfanos y de viudas. No había familia que no tuviese a alguien asesinado", sigue, su pequeño colgante con el símbolo de Sicilia balanceándose en el escote de su blusa a rayas.

"Estaba cansada de esa vida. Estaba cansada de ver cómo esas mujeres agachaban la cabeza, cómo vestían su pañuelo negro de luto, cómo se arrodillaban ante este sistema mafioso.

Le dije todo esto a Rita y se lo repetí todos los jueves a las tres de la tarde, cuando la llamaba desde una cabina telefónica de Roma".

***

Una noche de octubre, alguien llama a la puerta de casa de los Atria.

Rita atiende, no abre.

Un hombre la exhorta a hacerlo -¡pon!, ¡pon!,"¡que abras la puerta!"-, pero Rita no quiere.

Se aleja de la puerta. Le grita que se vaya. El hombre se acerca y le susurra: "En la vida hay que hablar poco, porque si no…".

Al día siguiente, Rita y su mochila con los libros del instituto descansan en el apartamento protegido donde están Piera y su hija.

Ella también ha decidido contar a los jueces todo lo que ha visto y escuchado en sus 17 años en una familia mafiosa.

Las dos mujeres empiezan a enumerar, calcular, relatar, detallar todo lo que saben.

Porque, como repetirá Piera a los fiscales Camassa y Borsellino, "una mujer siempre sabe lo que hace su esposo o hijo".

"Ese periodo de convivencia fue maravilloso, estábamos recuperando nuestra libertad. Hasta entonces nunca habíamos sido libres de ir a pasear por nuestra cuenta o de ir a un centro de belleza", me dice Piera, con el habla suelta.

"Fueron mis 'Vacaciones en Roma'", sonríe, haciendo un guiño a la película protagonizada por Audrey Hepburn.

Y pasa a contarme cómo su felicidad no tardó en truncarse.

***

El 23 de mayo de 1992 un comando mafioso detonó 400 kg de explosivo bajo la autopista que une el aeropuerto de Palermo y la ciudad.

En aquel momento pasaba por encima un convoy de tres carros, en los que viajaban el juez antimafia Giovanni Falcone, la jueza Francesca Morvillo, su mujer, y tres escoltas.

https://paraestudiantes.website/actualidad-mundial/mafia-en-italia-piera-aiello-la-mujer-que-vivio-sin-rostro-parte-i/ <<-- Para leer la primera parte de la historia.